
Febrero del 2005 lo pasé en San Bernardo en el departamento de mi papá. Convivimos allí durante 20 bizarros días Ismael (el nabo, 48 años), Silvia (la hormiga, 35 años) y mua (Pepinita, 17 años).
La hormiga, es el apelativo con el cual Ismael despectivamente llama a su bienamada.
Descubrí que hay cosas que nunca cambian…
En una de “esas” charlas de playa a solas con daddy se desarrolló la siguiente conversación:

Pepinita: -… si no te la bancás, para que seguís con ella?
Nabo (con voz sincera): -… y... ya es hora que la vaya cambiando por una más joven.
Pepinita (ingenua): - Pero Ismael, una mujer joven tiene pretensiones: vas a tener que comprarle cosas, sacarla a pasear, a cenar, al cine,… “atenderla” (pos divorcio, el nabo hay cosas que no se gasta en ocultar)... y ¡¡¡Darle plata papá!!!
Nabo (riéndose cínicamente): -…Sabés la cantidad de cagadas de hambre que hay detrás de un techo y un plato de comida?
…y yo callé y seguí cebando mate…