
MI PIE IZQUIERDO

Debo admitir que soy buena vendedora, que lo tomo como un reto y si me dicen que tengo que vender cubitos a los pinguinos no me voy a asustar.
Toda mi vida he sido comerciante, oficio que disfruto enormemente y que me ha dejado más de una satisfacción y miles de anécdotas curiosas.
Pero rescato una historia en especial, de la época en que Pepinita era bebé y teníamos un polirrubro estilo pulpería. Desde forros hasta bijouterie enchapada pasando por zapatos, de todo había.
La anécdota es que un aparador de zapatos me dejó mercadería a consignación. El hombre no vino más y ésta quedó.
Vendí todos los pares menos uno: el que por error tenía dos zapatos derechos.
Pero Pepina, fiel a su religión, encontró el comprador, y con el se fueron dos zapatos derechos.
La pregunta es:
¿Cómo hizo Pepina para vender dos zapatos derechos?